El hambre

Las cosas van girando alrededor mientras pasamos sin ver. Giran entre narices que aspiran un polvo invisible. Al mismo ritmo gira la pobreza, paisaje naturalizado ante ojos que miran consecutivamente la misma secuencia y normalizan. Hace poco un pibe me paró en la calle para venderme un par de medias. Me dijo que en los últimos dos días solo había comido un poco de pan, que tenía hambre. Yo me quedé un instante sin respuestas, más que la de comprarle un par de medias blancas. Después divague diciéndole palabras en tono de esperanza, de lo que vendría, que todo sería mejor. Al final de cuentas, pienso, el tránsito por la vida no termina siendo mucho más que eso: mensajes/acciones que transmiten sueños esperando que mañana sea mejor, ilusiones arraigadas solamente en el sin sentido que procuraría caer en la desesperanza. Palabras vivas en su antagonismo y su sed de no ser lo otro. Pero mientras solo son viento, la esperanza no se materializa ni se transforma en alimento, el hambre carcome la panza y el cuerpo necesita más que sueños vagos.

Microrrelatos

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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