El carguero del mediodía

El paso del acero se desliza lentamente por el riel. El señalero se para sobre el cruce de Goria y Valentín Gómez. Suena la bocina y el ritmo cansino de la locomotora tira las toneladas de unos veinte vagones que viajan vacíos. Por una hendija logro ver los rastros de carbón que en algún lado quedaron. El carguero transita entre las 12:30 y las 13:00 horas por el cruce sin barreras, y se va escapando por un pasillo formado de altos pastizales y basura. Son esos rincones desconocidos del barrio, los que habitan en silencio, en calma, hasta que aparece el movimiento de esas ruedas filosas.
Veo al tren, una y otra vez: no sé de dónde viene, mucho menos conozco su paraje final. Lo observo recorriendo el mismo camino: un viaje de ida sin retorno. Sentado sobre mi moto, esperando que termine la lenta procesión de su paso, me pregunto si ese tren de carga no será una analogía de la vida: el caminar los días con el lastre del pasado que va, como el carbón, anidándose en algún sitio de nuestro vagón formado de mente y cuerpo, hacia el paso irrenunciable de la muerte, el único lugar que no tiene vuelta y que nunca deja de ser en nuestro recorrido, un destino desconocido.

Microrrelatos

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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