La balsa

Guardé mis secretos
en un pequeño frasco marrón;
subí a una balsa maltrecha
y me lancé a naufragar.

Sobre un mar de boldo,
reposé en lo oscuro,
en el efímero momento
donde el mundo se calló.

Las estrellas en mis ojos,
guiaron la mirada
hasta la insondable madrugada,
penetrando el cuerpo pasivo.

Ahí estaba yo, sentado,
con la calma y mi soledad,
donde las gaviotas salen a morir,
en silencio encontrando un fin.

Me pregunté por nuestro destino,
por las palabras atoradas en el pecho,
por las letras olvidadas,
por la lengua resquebrajada.

Por la ausencia y la presencia…

La luna, compañera fiel,
se ofreció toda la noche
a cobijarme tendiendo una mano,
sobre el camino regresivo.

En busca de aminorar
la lucha contra mi intestino,
bajo las sombras de mi yo cogitabundo,
ardiendo en el reflejo blanco,
solté las cadenas amarradas
y desande los sin sentido:

del bien y del mal,
de la verdad y la mentira,
del tiempo pasado, presente y futuro.

La pequeña embarcación,
antes de madera quebrada,
en su intromisión a la alta mar desconocida,
se liberó de presiones y profecías
y volvió cargada: de propósitos y objetivos.

Poesía

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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