Pepe Racing Club

Abrió el pequeño postigo de la puerta de madera. Me miró y salió al grito de “vamos Racing”. Le pregunté cómo estaba, y con ese tenor grueso que expiden sus cuerdas vocales, me contestó “bien, academia”. Me agradeció y se metió adentro de nuevo.

Yo volví pensando en esa escena repetida que tantas veces pasé con él. Pensé en su historia, esa marcada a fuego por el amor y la locura por su Racing Club querido. Rondando los 70 años, pepe había vivido al chango Cárdenas y ser el primer campeón del mundo, los 35 años sin ser campeón, la quiebra. Nada lo inmutó. Pepe, que de fidelidad a la camiseta hace un culto, llegó a hipotecar y perder dos casas para poner plata de su propio bolsillo en el club. Hoy no le sobra nada.

Pepe, que me saluda con un simple “academia” como si ese fuese mi nombre, recorre la vida con su Ford maltratado y su casa un tanto venida abajo, haciendo de Racing una pasión tan inherente a su corazón que se le fue instalando hasta en su habla. Esa es su muletilla: siempre empezar o terminar la frase con algo de la celeste y blanca. Él, con la compañía de sus hijas, va al Estadio Presidente Perón cada vez que rueda la pelota. No sé en qué sector del magnífico coliseo de Avellaneda se ubica cuando va, pero sé que siempre está presente. De lo que estoy seguro es que, cuando ya no sepa más de Pepe, se terminará para mí una parte de Racing y del amor de su gente.

Microrrelatos

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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