La noche que te conocí

I

Estar en el momento preciso. Parado ocasionalmente en el lugar indicado: el instante justo para empujar la pelota hacia el arco y lograr una clasificación, o llegar a la parada cuando el colectivo está arribando. Para muchos se trata de suerte-casualidad, otros lo llaman sincrodestino, para mí siempre causalidad. Podría haber estado o no, pero estuve: contingencia. Las acciones anteriores construyeron ese tiempo exacto. Esa fue la manera en que te conocí.

La noche en que las estrellas se escondían y el presente se desangraba. Bajo la espera eterna de quienes hacen de la impuntualidad una rutina tan esclava como el trabajo. Ahí estaba sentado, bajo el cielo azulado, en un bar a media madrugada, aguardando la llegada de mis amigos. Entraste a paso lento, buscando mesa para dos. Caminaste por donde estaba ubicado en el momento en que ya no me quedaban más ilusiones en el placard. Levanté la mirada, te vi, y al cruzar tus ojos negros con los míos, sonreíste. La profundidad de tus pupilas se llevó una parte de mí. Por un rato quedé sin reacción, hasta que reconocí que el deseo había vuelto a existir. Esa noche causal de magia en que el corazón rejuveneció para volver a latir. La madrugada en que nadie llegó por ti ni por mí, y decidiste acercarte para, entre tanta contingencia, hacernos resurgir. 

Microrrelatos

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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