¿Y entonces?

Un momento juntos. Un recorrido por la historia en medio del silencio. Nuestras risas y el latido de los dos corazones era todo lo que se hacía oír. En el espacio de la memoria recordamos por un instante que debíamos sacar todo lo que nos hacía mal para declararnos el bien del uno para el otro. Jugamos a seducirnos hasta quemar todo aquello que necesitábamos callar. Tu cara enrojecida, mis manos transpirando, los pasos lentos, el momento previo a avanzar, la ansiedad del no saber ¿Y entonces? Entonces callamos mientras sonreías elevando tus pómulos afirmando tus nervios.

Clamábamos por lo bajo que pase. Era el cómo y dónde. Alinear los planetas. Dejar de pensar para actuar. Mientras debíamos estar en otro lado, nos perdimos en aquellas ganas inevitables donde nuestros labios se chocaran para descifrar que encontraríamos más allá de todo lo que nos rodeaba. No importó cuánto tiempo iba a durar ni cuando iba a morir, tan solo importó la pasión. La espera se agotó, y terminamos comprendiendo por unos minutos que los besos son para aprovecharlos para sentirse mejor.

Sin embargo allí se quedó. En los últimos soles calientes de marzo, en los minutos finales de un clásico con derrota, o en una crónica de una muerte anunciada. Y fue en tus labios donde murió mi ilusión. Del sueño al abismo, de la magia al sentirse un perdedor. Todos aquellos juegos tan solo bastaron para darme un minuto más de… ¿de qué? De pasión. Un minuto donde olvidé que había dolor, donde encontré respaldo para respirar mejor. En la ciudad de la furia encontré en vos signos de salvación.

Pero soltaste mi mano sin saber porqué. No nos diste ni siquiera una vuelta más para comprobar que el juego no terminó, y así te llevaste lo que nunca pudimos ser. Fuiste solo un sueño -¡mi mejor sueño!-. El desafío que asumiste por romper mis estructuras causó lo que ninguno esperó. Y sin mis límites me dejaste sentado junto a ti, callada, mirándome con los ojos llenos de lágrimas, y yo preguntándome ¿por qué otra vez así?. Causaste un estrago mayor.

Te mentiría si te digo que no duele. Has abierto todas mis puertas, pero cerraste las de tus fronteras dejándome sin refugio. Me quedé a medio camino sin comprobar cuanto podía recibir de ti. Pero ¿por qué has matado esta linda sensación? ¿cuánto cuesta entrar a tu corazón? ¿cuántos más podrían formar una pasión donde la lógica y el corazón se pongan de acuerdo como en nosotros dos para dar paso a las risas y al quererse cada día un poco más? Los silencios de aquel primer momento se volvieron eternos al día de hoy, y yo, corro detrás de ti para que la corriente del olvido no gane y sepas que aquí estoy, esperándote a vos, para seducirte todos los días, y besarte en el temblor.

Si el lenguaje es otra piel toquémonos mas

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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