El árbol y la eternidad

El viejo árbol de siempre. Aquel que rodea a los niños de la escuela mientras se encuentra allí parado desde hace 70 años. Silencioso hasta en momentos de vientos tempestuosos, observa el crecimiento de miles que alguna vez lo han mirado. Su inmenso tronco espinoso da toda una vuelta perfecta acompañado de sus famosos coquitos. Si, los mismos que usan los chicos como proyectiles -esos que comienzan batallas que por suerte a nadie han de lastimar-. En la punta, algunas hojas de un color verde bien oscuro no terminan de caer. Parecen secas a simple vista, pero están a tanta altura que tal vez solo sea un engaño de los ojos. No podemos distinguir con nitidez lo que está cerca del sol. Seis, siete, ocho ramas se le desprenden. Todas de un importante grosor –podrían nacer de allí otros tantos árboles nuevos-. El árbol atemporal es tan fuerte que a cualquiera le haría pensar que existe la eternidad.

Microrrelatos

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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