Néstor Kirchner: un Presidente con memoria

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“Aquella mañana todo empezó a cambiar”, rezan los cánticos que parten de las voces aforadas de miles de jóvenes militantes que se pusieron bajo las banderas de un proyecto político después del fallecimiento de aquel flaco, alto, tozudo, que llegó a la Presidencia de la Nación con la carga encima de ser compañero de batalla de una generación detenida, torturada, desaparecida y asesinada por la dictadura cívico-militar.

Aquel 24 de marzo de 2004, Néstor Kirchner grababa la primera imagen en la memoria de un país entero, con las convicciones que había prometido no dejar en la puerta de la Casa Rosada cuando asumió poco menos de un año antes, el 25 de mayo de 2003. Esa mañana, el flaco -como le decían cariñosamente-, realizó un “gesto de enorme valentía”, en palabras de Estela de Carlotto, que lo desembocaría en ser reconocido como el Presidente de los Derechos Humanos.

Sin embargo, el proceso comenzó a tan solo 100 días de su asunción, cuando el 2 de septiembre de 2003 se aprobó la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, promulgadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín entre 1986 y 1987, las cuales paralizaron los juicios iniciados en el año 1985 contra los militares genocidas responsables del Terrorismo de Estado durante 1976 y 1983.

La formación que duró toda su vida

En 1970, Néstor era aún un joven de 20 años que llegaba desde el sur del país para estudiar abogacía en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). En ese entonces era un muchacho alto, flaco, que lleva puestos unos gruesos anteojos negros junto a su pelo largo.

Apenas comenzó sus estudios, se enamoró de la militancia que planteaba la Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN), criticando al poder del gobierno de facto, y se sumó a ella para participar. Estos fueron sus primeros pasos dentro de la política, donde fue un militante activo y festejó el regreso de Perón en la recordada masacre de Ezeiza en 1972, y la posterior victoria de Cámpora en las elecciones nacionales de 1973.

Luego de este triunfo, Kirchner siguió actuando dentro de esta organización que pasó a llamarse Juventud Universitaria Peronista (JUP). Durante su recorrido conoció a Cristina Fernández, con quien se casó luego de seis meses de noviazgo, y junto a quien partió hacia Santa Cruz en 1976 luego del Golpe de Estado, decisión que tomaron para proteger sus vidas y ocultarse de la persecución de los militares.

Cuando bajaste los cuadros todo empezó a cambiar

“… Dijimos no al ALCA, también al FMI, a todos los gorilas, al monopolio Clarín”, proclama el cantito que popularizó La Cámpora alrededor del país que tiene como primer premisa el subtitulo de este apartado, el cual se transformó en un emblema de las políticas de Estado llevadas adelante durante la llamada década ganada.

Sin embargo, la mañana del 24 de marzo de 2004 fue mucho más allá de ese primer acto simbólico de un Presidente electo de forma democrática poniéndole fin al olvido. — Fue decir “hasta acá llegó esto. Acá se terminó la impunidad. Esto acá no va más” —, recuerda Carlos Pisoni -conocido afectuosamente como charly-, quien fue Sub Secretario de Promoción de los Derechos Humanos a partir de 2013, ex integrante del Directorio del Espacio Memoria (ex Esma), y militante de H.I.J.O.S. espacio al que se integró en 1996 por las causas de su pasado.

En el aniversario número veintiocho desde el comienzo de la dictadura cívico militar, el Colegio Militar situado en la localidad de El Palomar, estaba envuelto en confusiones, enojos, discusiones. La tensión corría por cada pasillo, pero sobre todo por el Patio de Armas, lugar donde el Ministro de Defensa, José Pampuro, debatía con los Jefes del Ejército Nacional quien accedería a la exigencia del Presidente. Ninguno de los veintiséis generales quería tomar la responsabilidad que entendían como una humillación para sus filas. Por eso, la decisión fue que un ordenanza cumpla con el pedido que había llegado desde Casa Rosada.

Después del ida y vuelta en las negociaciones, Néstor Kirchner entró al Colegio Militar. Tozudo, firme con sus convicciones, deshizo toda esa fase previa, exigiendo que sea uno de los generales quien debía realizar esa acción. El flaco comprendía a la perfección que ese momento no sería uno más para la historia del país pese a la espera de todos los cadetes formados y la prensa ya alistada.

bajo-los-cuadrosDerecho a los cuadros, con la mirada aún más firme y seria que nunca, extendiendo su mano derecha con la palma abierta (“esa mano de pingüino”, como diría Estela de Carlotto cuando le pregunté hace dos años atrás sobre ese momento) , y junto al pronunciamiento de la palabra proceda, Néstor ordenó al Jefe del Ejército Roberto Bendini que retirara de la pared los retratos de Jorge Rafael Videla y de Reynaldo Bignone, genocidas responsables que presidieron al país durante los gobiernos de facto que llevaron adelante el Terrorismo de Estado.

Al costado izquierdo un grupo de dirigentes observaban el hecho. Del lado derecho, siete u ocho gendarmes prestaban atención a lo que acontecía. Bendini subía lentamente a un pequeño banco para llegar a efectivizar el final de tantos años de silencio democrático.

— Creo que la bajada de cuadros significa mucho pero no desde lo simbólico. Tiene que ver con todo lo que vino después. Desde lo simbólico podría haberlo hecho, y podría no haber anulado las leyes, no haber entregado la ex Esma, como tantas políticas de Derechos Humanos que tienen que ver con Memoria, Verdad y Justicia—, comenta Pisoni, mientras sigue reflexionando sobre ese día. — Ahí se encuentra todo. Es como una síntesis emblemática porque además él hace bajar los cuadros al jefe del Ejército, y porque no toda la sociedad reclamaba eso. Creo que en ese sentido Néstor Kirchner fue un adelantado—.

“Vengo a pedir perdón…”

El primer 24 de marzo como Presidente, Néstor aprovechó para desterrar definitivamente al olvido, generando un acercamiento directo con las organizaciones de Derechos Humanos que no tenían confianza en el Estado Nacional. Luego de visitar el Colegio Militar, viajó hasta la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) para declarar su recuperación como espacio para la memoria, cambiando el paradigma del lugar que había sido uno de los mayores centros clandestinos del país.

En el enorme Patio de Armas -actualmente denominado Plaza de la Declaración Universal de los Derechos Humanos-, se ubicó el escenario donde el flaco recitó uno de los discursos más fuertes de su mandato, durante el cual cerró los ojos varias veces en un gesto conmovedor que hizo imaginar a muchos que mientras hablaba estaba recordando en su cabeza las caras y manos de los compañeros detenidos desaparecidos en los años ’70.

“Queridas abuelas, madres, hijos. Cuando recién veía las manos, cuando cantaban el himno, veía los brazos de mis compañeros. De la generación que creyó y sigue creyendo en los que quedamos, que este país se puede cambiar… Las cosas hay que llamarlas por su nombre. Y acá si ustedes me permiten, ya no como compañero y hermano de tantos compañeros y hermanos que compartimos aquel tiempo, sino como Presidente de la Nación Argentina, vengo a pedir perdón del Estado Nacional por la vergüenza de haber callado durante veinte años de democracia… Y a los que hicieron este hecho tenebroso y macabro de tantos campos de concentración como fue la ESMA tienen un solo nombre: son asesinos repudiados por el pueblo argentino”.

Mientras camino el actual Espacio Memoria y Derechos Humanos, me junto con Charly Pisoni para filmar un pequeño documental que refleje el paso del predio hasta la actualidad, y su posibilidad como candidata a Patrimonio Histórico por el Nunca Más en la UNESCO. En la oficina de H.I.J.O.S. dentro de la Casa de la Militancia, se escuchan los tambores de la Tecnicatura en Música Popular que llega desde el edificio de Madres de Plaza de Mayo, y las voces de los estudiantes de la Tecnicatura en Periodismo Deportivo.

— Me acuerdo que ese día dimos un discurso muy duro. No era contra Néstor, sino contra el Estado que nos había desaparecido, en los ’90 nos perseguía. Después de su discurso y que tocó León Gieco, Néstor bajó y se vino al lado nuestro abajo del escenario. Lo agarro y le digo: “Néstor ¿fue muy duro el discurso?”. Porque en realidad H.I.J.O.S. no confiaba todavía en la política partidaria, pero yo tenía otra visión y le pregunté. Me miró y me dijo: “no, no, no. Dijeron lo que tenían que decir”. Creo que fueron las palabras acertadas. Él sabía que no era contra su persona. Y ese día va a quedar en la historia—, me comenta mientras sonríe al recordar la actitud del flaco.

Años atrás había tenido la posibilidad de consultarle en la televisión pública lo mismo a Estela de Carlotto, quien no dudó un segundo al decir sus palabras: “el ejemplo que dio el Presidente de pedir perdón fue de una grandeza absoluta. Él no tenía ninguna culpa porque él también había sido víctima”. Justo ese mismo día era un 27 de octubre, en el cual se cumplían cuatro años del fallecimiento del flaco, y recordándolo, la Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo agregó: “hay que agradecer que él existió, estuvo, hizo y dejó. Sembró, y eso está en nosotros que florezca. Que sea una democracia completa pero para siempre”.

Mientras sigo recorriendo la ex ESMA, cruzo una cantidad enorme de pabellones y aparecen los recuerdos de Néstor que lo hacen inmortal en uno de los sitios más importantes de los Derechos Humanos: el mural pintado con su figura en la entrada de Comodoro Rivadavia o la placa que lleva su nombre en el ex Patio de Armas. En el trayecto me acompaña el clima primaveral con más de veinticinco grados cayendo sobre el interminable pavimento del predio. Los árboles ya están crecidos, y el verde florece por donde transite.

Termino entrando al edificio de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas en la dictadura cívico militar. Ahí me espera Claudio Morresi, ex Secretario de Deportes de la Nación, quien creó el Espacio Deporte y Derechos Humanos. Claudio es hermano de Norberto, un joven militante de la UES asesinado en 1976. Lo ubico para seguir con el film documental mientras me distraigo con la cartelería y las pinturas en el piso: “2004. Néstor Kirchner ordena bajar los cuadros de Videla y Bignone del Colegio Militar. Apertura de la ESMA. Creación del Espacio Memoria”, “No al Punto Final y Obediencia Debida”.

— La figura del Presidente Kirchner cada día se agiganta más. Como tomó el país en su momento con criminales genocidas caminando por la calle, y transformarlo en un país serio, donde empezaba a enjuiciarse a quienes habían cometidos los crímenes aberrantes, transformar los centros de tortura y muerte en lugares de espacio para la memoria, sin lugar a duda es algo que el pueblo argentino lo tiene muy en claro, y pasará el tiempo y su imagen irá creciendo—, me comenta Claudio con su tranquilidad habitual al hablar.

“Quisiera que me recuerden…”

Durante la apertura de la Feria del Libro del año 2005, Néstor Kirchner se hizo presente para darle comienzo. Allí, con su honestidad de siempre, reconociendo que su fuerte no era leer en voz alta pero demostrando la profundidad de sus sentimientos, leyó desde el corazón un poema que quedó inmortalizado en el sonido de su voz emocionada.

“Quisiera que me recuerden junto a la risa de los felices,
la seguridad de los justos, el sufrimiento de los humildes.
Si no es así, prefiero el olvido que será el más duro castigo
por no cumplir con mi deber de hombre”.

Más de un minuto de lectura le llevó el poema de Joaquín Enrique Areta. Un joven entusiasta de La Plata que militó en la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) y que fue secuestrado en 1978 cuando tenía 22 años. Néstor jamás lo conoció, pero reconoció su obra y lo hizo volver a vivir por unos instantes en los aplausos de todos aquellos que a partir de ese momento pudieron saber de su existencia.

Una vez que finalizó la poesía, el flaco volvió a resaltar los ideales de aquellos hombres y mujeres, compañeros y compañeras que militaron por la causa de un país más justo, lo que los llevó a ser detenidos y desaparecidos. Con la voz titubeante, a Néstor le costó volver a ponerse firme porque su emoción era visible. A decir verdad, su conmoción pareció querer quitarle algunas lágrimas.

Además de este acontecimiento, durante el mismo año, desde el gobierno que presidia Néstor Kirchner, se declaró al Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia como día no laborable y feriado inamovible, en conmemoración a los treinta mil detenidos desaparecidos durante la dictadura cívico militar. A esto también se le sumó la nulidad por completo de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida por parte de la Corte Suprema de Justicia, iniciando nuevamente el proceso de juzgamiento a los responsables del Terrorismo de Estado.

“No tengo miedo ni les tengo miedo”

El 29 de mayo de 2006, Néstor Kirchner como Presidente de la República Argentina y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, entró a Campo de Mayo en el Día del Ejército Nacional. Una vez más, sin titubeos, con su inquebrantable convicción, la firmeza en su mirada, sus ojos llenos de memoria y de justicia, recorrió en un jeep militar el camino hacia el escenario central.

Pasó en medio de todas las filas formadas con perfecta disciplina. De pie, agarrado del móvil que lo trasladaba, junto a Nilda Garré y el Jefe del Ejército Roberto Bendini, observando todo el panorama, vestido con su traje negro, la camisa blanca, y la corbata roja que acostumbraba a llevar, llegó hasta el lugar donde volvería a dejar en claro las políticas de Estado que iba a seguir llevando adelante.

En medio del silencio que mostraba la tensión del acto, el flaco empezó sin dudas ni reparos: “Quiero que quede claro que como Presidente de la Nación Argentina no tengo miedo, ni les tengo miedo. Queremos el ejército de San Martín, Belgrano, Mosconi y Savio, y no de aquellos que asesinaron a sus propios hermanos que fueron de Videla, Galtieri, Viola y Bignone. Hay un nuevo país… Como Presidente, vengo a reivindicar un ejército nacional comprometido con el país y alejado definitivamente del Terrorismo de Estado”.

59 segundos le bastaron a Néstor Kirchner para generar el movimiento de algunos oficiales, el rompimiento de las filas, y los gritos de Cecilia Pando, la esposa del mayor Mercado, quien fue separado del ejército. Para Claudio Morresi, este discurso “fue de un simbolismo impresionante. Entrar a Campo de Mayo donde les dice esa frase, y que quiere un ejército de San Martín, sin dudas esos fueron mensajes que un Presidente civil al dirigirse a los que de alguna manera habían cercenados los sueños de tantos argentinos (ya sea en el 55, en los Golpes posteriores o en el ’76), tienen una carga y una valentía tal que al hacer él eso, le ha permitido a muchísima gente tener una autoestima para encarar otras acciones en su vida, a partir de la valentía que demostró en ese momento”.

“No me digas que no sos culpable…

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Durante el tercer año de mandato presidencial de Néstor Kirchner, se iniciaba en La Plata el juicio contra el ex comisario Miguel Etchecolatz. Aquel 20 de junio, junto al 28 del mismo mes, donde comenzó el juzgamiento de Julio Simón -más conocido como el “turco” Julián-, empezó una década de procedimientos legales para condenar a todos los represores de la dictadura cívico militar que no tendría interrupciones hasta el día de hoy.

“Al fin pagarás las deudas con las almas que aquí no están… Aquí no escaparás, las puertas se sellaron, no busques más”, suena de fondo mientras corre el vídeo de las Madres de Plaza de Mayo de Eduardo Walger. La imposibilidad de escapatoria para los responsables del Terrorismo de Estado fue una de las banderas que el flaco levantó como estandarte de su gobierno. No es casualidad entonces la frase de Jorge Rafael Videla -quien murió condenado y en una cárcel común-: “nuestro peor momento llegó con los Kirchner”.

La búsqueda que Néstor impulsó desde el Estado por terminar con la impunidad, sin rencor, sino con aires de Memoria, Verdad y Justicia, dejó como fruto a 669 condenados en una década dentro de las 156 sentencias dictadas, según informa la Procuraduría de la Nación hasta el día 1 de marzo de 2016. Además, aún hay 876 imputados, con 526 causas activas -en las que se investigó en total a 2534 personas-. También se le agrega a esto, otras 227 causas acumuladas en expedientes principales, en las cuales algunas son “megacausas” (caso de la ex ESMA).

Quiero abrazarte y sentir. Volver a ser un niño y que me alejes del miedo, cariño.

Cuando la fe y el amor ya no alumbren no va a quedar más nada.

Vivir será lo temido por todos y la muerte amada.

El 27 de octubre de 2010, cerca de las diez de la mañana, corrió la noticia menos esperada: Néstor Kirchner, el flaco, lupin, el pingüino, falleció a culpa de un paro cardiorrespiratorio en el Calafate. Su deceso se convirtió en el paso a la inmortalidad, el momento de mayor inflexión en la juventud que se estaba integrando lentamente a la política, que volvía a confiar en ella a partir de tantos actos de igualdad, de justicia, de memoria, de soberanía, que había traído Néstor desde su asunción en el año 2003.

— Para mí como para muchos compañeros hijos de desaparecidos, Néstor fue como un padre que no tuvimos. Fue una figura paterna muy presente porque además había sido compañero de nuestros viejos, porque llevó adelante sus mismas reivindicaciones, porque nos dio lugar a nosotros en la política—, reflexiona charly Pisoni, mientras vuelve a esbozar una sonrisa que explica su emoción.

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Los años de Néstor al frente de la política nacional, marcaron un cambio de paradigma que se vio reflejado para siempre en los defensores y luchadores de los Derechos Humanos. A partir de su llegada, ningún 24 de marzo volvería a ser igual. La Plaza de Mayo llena junto a las columnas de organizaciones ingresando a conmemorar a los 30 mil desaparecidos. Los auto convocados que comenzaron a sentirse identificados con el proceso de Memoria, Verdad y Justicia. Los cánticos y las banderas. Las remeras en niños pequeños con la interminable leyenda de “Juicio y Castigo”, o la repetida imagen de aquel histórico momento de la bajada de cuadros en el Colegio Militar.

Estela de Carlotto, en aquella misma entrevista en el año 2014 en la televisión pública, dejó una anécdota para recordar lo que significó la muerte del flaco y lo que representó su figura en los Derechos Humanos: — Nos hicieron sentir parte de la historia (junto a Cristina). Néstor nos invitó a festejar los 60 años. Ese día le digo “por favor cuidate”. Se puso pálido, rígido y enojado. Me dijo “yo me cuido. Acá estoy. No ves que estoy bien”. Pero bueno, era un consejo de madre porque la pérdida fue la de un hijo, así lo sentimos, que no hizo caso porque se inmoló”—.

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman. Pero otros arden toda la vida, con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quién se acerca, se enciende.

El primer día después del fallecimiento, el fuego que había encendido Néstor Kirchner en los corazones de tantos hombres y mujeres, se mostraba imposible de apagar. Hebe de Bonafini lo despidió retratando su figura en una pequeña carta, en la cual entre otras cosas, compartió la visión de Estela: la pérdida se sintió como la de un hijo propio.

“Pasé el primer día sin vos, con ese vacío que me dejaste y que creía que tardaría en llenar porque cuando desaparecieron mis otros hijos el agujero fue casi eterno. Cuando vos llegaste a mi vida me volvió la alegría, me sentí más fuerte, acompañada, comprendida y respetada… Gracias, hijo, por permitirme vivir junto a vos y tus principios. Gracias por vivir con tanta pasión”, escribió la Titular de Madres de Plaza de Mayo sobre Néstor Kirchner, el hombre que nació en una generación perseguida, detenida, tortura, asesinada y desaparecida, y que cambió para siempre la mirada del pueblo argentino sobre los Derechos Humanos.

Crónicas

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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