No alcanzó

Volviste a hacerlo. Y volvimos a cero. Nos extraviamos en un pozo ciego del que no sabemos escapar. Olvidaste donde estábamos, pero por sobre todo, olvidaste lo que buscaba. Declinaste el ser dos porque una vez más priorizaste ser vos. No importó el día, si existía, si era el peor de todos, si una lágrima corría por mis mejillas. Nos dejaste sin abrazos y sin sueños. Tu camino en otro lado.
Quizás no tuviste la intención, simplemente el paso de las horas marcó que no te encontrabas en mí. No frenaste, no pensaste, no sentiste. No me extrañaste ni te hice falta. Dejaste en una fosa oscura aquella luz que habíamos inventado. Sepultaste el enamoramiento un veintiuno. Sólo deseaba que me pensaras para enterarte cuanto te necesitaba mi pobre corazón. Y cuánto hay que armar para desarmar. El corazón es un juego que se conquista con la cabeza, y esta es una oportunidad que no te interesó y dejaste pasar. 
Las manos volvieron a transpirar. El pasado. El viejo recuerdo que quema en la cabeza. Los errores cometidos se transformaron en actualidad. El eterno dolor que apunta directo al pecho y que quita la respiración. No comprendo aún tu egoísmo, tu frialdad, y tu lejanía. Si hubiese dado la vida por ti si sufrieras un día así. Pero ¿por qué debería de importarte mi felicidad? ¿que rédito te daría a ti, sino estas interesada en quedarte con una gran parte de mí?  ¿por qué deberías estar aquí, si piensas que lo tengo que sufrir a tu manera? ¿por qué debería esperar un “perdón, hubiese querido acompañarte”, si sé que solo piensas en ti?
Cada vez que tú cruzas la puerta, bajas de la moto, o te despides en las noches, nos dejas varados frente a un cielo oscuro y sin luna, en medio de un cráter de hielo. Abres heridas. Expones la soledad que lleva mi alma viajera, que en busca de un destino, encontró tu apático corazón. Desnudas cuantas veces espero por ti, y cuantas veces el viento no te trae hasta mí. Vuelves a alejarte, conformando una nueva montaña en la cual jamás llega el pico final. No tengo certezas de cuantas fuerzas quedan para escalar. Mil alma caminera se quiebra sabiendo que escondiste aquello que esperaba: un alma compañera.
Y fuimos víctimas nomas. Fui víctima de tu astucia, de tu necesidad, de tu ausencia y de tu presencia. Fuiste víctima de mi elocuencia, de mi insistencia, pero tú tuviste la ventaja de correr con experiencia. Tú contaste con ser víctima de este hombre que pecó al quererte tanto. Pero al final del camino, ambos fuimos víctimas de un destino que nos unió para ser testigos que a ti nada te alcanza. Y cuando el reloj se quemaba terminé siendo víctima de tu indiferencia el día que más te esperaba.Y mi corazón hoy quiere ser juez de esta causa de amores inconclusos e historias que no terminan de hacer bien a un alma quebrada.

Si el lenguaje es otra piel toquémonos mas

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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