Estar tan lejos

A la distancia te veo. Allí estás, inmóvil, del otro lado del muro. Llegarte es cruzar un desierto de hielo. Entre placas resquebrajadas, a paso lento, el camino se hace eterno. Y allí sigues: del otro lado y yo lo intento.

Estar tan lejos de ti es recorrer tu rostro con mi mano y apenas una pequeña sonrisa compasiva obtener de vuelta. Estar tan lejos es besarte al saber que todo es en vano. Nos fundimos en un juego de seducción, pero baje la guardia y me supe perdedor.

Un pasillo largo -de aquellos donde rebota el eco-. Una vieja estructura por donde corre el viento. Fría, igual que ese sendero de silencios interminables. Igual que tu sonrisa compasiva. Las paredes altas que nos rodean perforadas por la soledad que nos inquieta ¿Cuántas historias de amor inconclusa han pasado por allí? El cemento no brilla y se convierte en un duro resplandor. Me niego a creer que dejé todo de mí en una sola noche junto a vos.

La rutina ha cambiado. El ayer está en ser hoy: los sentimientos vuelven a tener pasión ¿sabes hace cuánto no encendía mi corazón? Todo se perderá en una ilusión. Sin embargo pensarte se transformó en un acto cotidiano y por eso mi vida cambió. Una, dos, o cuantas veces sean suficientes freno a extrañarte y preguntarme en como estarás. Y vos ¿pensarás en mí? ¿que seré? ¿cuánto durará ésta ilusión? Me miro de manera muy atenta. No me reconozco. Otra vez volví a patinar. ¿Cuántas veces más tendré que volver a robarte un beso? Es un dolor penetrante sentir que mis besos cargados de amor solo vuelven con un gesto de compromiso y sin valoración.

El silencio de la noche me acompaña y conoces a todo lo que le tengo temor. Necesito que te acerques para no seguir perdido en un mundo de ruidos superfluos. Necesito que estés aquí para perdonar a mi corazón. El mal que me aqueja puede terminar en tu necesidad. Allí encontré la resurrección de aquel que pecó y quiere redimirse. En vos puede estar una parte de mi salvación.

Vuelve a mi el recuerdo del frío de aquel pasillo. Esa única noche seguida por la fortuna del horóscopo que jugó a mi favor. Una vez más en la oscuridad después de correr a abrazarme a tus ojos dolidos. La suavidad en tus manos, las lágrimas en mí, y el amor que reprimirás estableciendo un fin.

Otra luna nos encontrará cuando te sientas cansada y vuelvas hasta aquí, y siempre seré yo quien esté a la sombra de tu corazón. Cumpliendo con ocupar los pequeños espacios vacíos que quedan y me dejas cuando no sabes a quien recurrir. Saltando en esas sobras voy, creyendo aún con heridas que así te enamoraré. Pero si pienso sé que en verdad lloraré. Mientras tanto, a ti te estaré esperando porque te adueñaste de mi realidad con esta irrealidad.

 

Si el lenguaje es otra piel toquémonos mas

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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