Una despedida que nunca existió

¿Has sentido lo que es morir por una ilusión? ¿Has conocido lo que es estar en el olvido, esperando por un corazón que te haga despertar? ¿Has fracasado sin siquiera empezar? ¿Quedaste varada en una oscuridad tan profunda que no volviste a encontrar claridad? ¿Cuánto tiempo más deberás recorrer para dejar ir ese recuerdo de papel que no te deja proceder? ¿Por qué no creer que el amor a primera vista aún puede existir? ¿Puedes distinguir la libertad individual, responsable y confiable, de un paisaje de frágiles sonrisas?
Las noches me van llevando a un lugar sin versatilidad ni firmeza, solamente quedé flotando. Los minutos simplemente me alejan de vos. Aún no sé si fue correcto irte a buscar. Hoy sólo soy un corazón que oculta su dolor, y no estabas preparada para sanar las secuelas de un pasado que penetró. El agua exhibía su tranquilidad en lo alto, y en lo bajo el río estaba fuera de control. Quería agradecerle al cielo porque tu aparición parecía darle ruta a las riendas sueltas de esta vida carente de pasión. Imaginaba mis tiempos en un sitio desconocido, pero la guía que el destino me dejó otra vez falló. Habías caído desde un más allá en el cual jamás había tenido fe. Tu sonrisa parecía devolverme la primavera.
“No todo lo que brilla es oro”; esa frase ya se convirtió en ley inexorable ¿Sabes cuántas veces he sentido por ti? ¿Y tu cuántas por mí? Ni siquiera recuerdas cual fue el último recuerdo que deje flotando en ese espacio que alguien vació en ti. La ordenanza es clara y sencilla: una vez más patiné. Cuando fui corriendo hasta allí, ya no estabas esperándome, o quizá nunca estuviste cerca. Nos quedamos a distancia y no pudimos afrontarla. Desarmamos rápidamente un camino que jamás se armó. Desvanecimos una ilusión que nunca existió. Dejaste una risa, una persecución de poca duración, y no mucho más. Decidiste seguir en tus noches de perdición, mientras yo elegí quedarme con mi caja estructurada y homogénea de anhelos que se me disipan sin siquiera un adiós.
¿Cuántas veces has posado frente a una ventana a pensar mientras el mundo pasa sin frenar? ¿Has observado como se puede introducir en tu alma una simple lluvia de un tarde gris? ¿Quién ha marcado las horas de tu tiempo en aquel pasado que hoy no te dejan ser quien realmente eres? ¿Dónde ha dejado ese más allá de amor que tenías y que hoy ocultas para sumarte al andamiaje de plástico que vive nuestra sociedad? ¿Cuántos kilómetros más de campo verde deberás atravesar para que la monotonía actual que te generas te haga retornar? ¿No te extrañas?
No diré que te esperaré porque aprendí que mejor que prometer es realizar, y yo no sé si podré aguantar. Solo espero que puedas volver… Quizá no fue una despedida que nunca existió, sino tan solo un “hasta pronto, mi próximo amor”.

Si el lenguaje es otra piel toquémonos mas

Juan Manuel Senese View All →

Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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