Chas

Si se menciona al Partido de General Belgrano, de seguro lo primero que se reconoce es a la ciudad homónima, cabecera del mismo, o a las relajantes Termas del Río Salado -el principal atractivo turístico y económico de la población-. La pesca en las orillas del río y todas las posibilidades acuáticas que el mismo da, el bosque encantado a 13 kilómetros del centro, entre otras cosas, son mencionadas oficialmente para ofrecerles a quienes van a descansar. Sin embargo, jamás se oye hablar de las antiguas vías del Ferrocarril Sud- concecionadas a la empresa Ferrosur Roca- que por allí pasaban, ni mucho menos del pueblo -o paraje- Chas.223

Contextualización e historia:

 

A 19 kilómetros por la ruta provincial 29 se encuentra este pequeño lugar, tan particular como toda su historia, la cual quedó en el olvido hasta para el famoso Wikipedia. Los comienzos son difíciles de rastrear, aunque se ha dado a conocer una foto de la estación que podría ser de 1875, que bien puede dejar en claro la importancia del tren en todo momento para el paraje, el cual giraba alrededor de su funcionamiento.

Creado y forjado junto a las vías del ferrocarril, todos los habitantes del pueblo vivieron durante en el auge del servicio, de las posibilidades que abría el paso de los vagones. Señaleros, maquinistas, encomenderos, comerciantes para los viajeros que paraban a descansar del largo recorrido por los campos de Buenos Aires, fueron los empleos más comunes y el sostén económico de todas las familias. Pero pese a ello, las decisiones políticas que desencadenaron en la gran cantidad de privatizaciones en la década del 90 no tuvieron compasión ni respeto por aquellos lugares que tenían una sola fuente de entrada de dinero: el tren. A causa del abandono que sufrió el sector ferroviario, Chas se convirtió en uno más de los llamados “pueblos fantasma”.

Y en estos recuerdos, queda el último tren -de carga- que transito por las vías en el año 2005 -aunque para los más descreídos pobladores esto fue simplemente creación de la mente de los niños-, mientras que en 2002, proveniente de Bahía Blanca -a causa de un problema de descarrilamiento en la vía Cañuelas-Monte-Las Flores-, los pasajeros de un ferrocarril observaron por última vez a la estación Chas. Sin embargo, el ramal original que partía de Las Flores hasta Altamirano, llevaba ya un largo tiempo sin cumplir con el servicio, mientras que las vías que desviaban para el tramo hacia Ayacucho habían sido levantadas y pocos rastros había de ellas. Esta debacle se hizo sentir de manera abrupta en el corazón social, cultural y económico de los lugareños.

Los días después del último tren:

Un pequeño cartel verde y oxidado sobre la ruta 29, indica la entrada a Chas. Hacia dentro, por un camino asfaltado de un largo de 2 km rodeado por los pastos, se encuentra lo poco que hay. El silencio es el sonido que se apropió del ambiente. Tan solo 18 familias conformadas por 80 personas en total son las que viven en el lugar, muchos de ellos, nacidos en esas tierras.

En la entrada -que no es entrada- se encuentra la escuela rural nº 8 Mariano Moreno. Allí se dictan las clases para los pocos alumnos del lugar, y también de otros parajes

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Foto: Juan Manuel Senese

cercanos. Alrededor de 40 chicos son los que asisten, mientras que las maestras juntan a los cursos: todos los de jardín en un mismo aula, de 1º a 5º, y 6º y 7º es encargado a la directora de la escuela. María Luján, maestra de los primeros grados, viaja todos los días desde General Belgrano para hacer su labor: “con 13 o 14 años acá ya empiezan a trabajar, a veces antes, y por eso dejan de estudiar”, explica en referencia a la difícil tarea de contener a los estudiantes, los cuales comenzaron a tener una nueva oportunidad para terminar sus estudios a partir del 2013, cuando el Plan FINES, impulsado por el Gobierno Nacional, empezó a funcionar en la escuela.

Pocos metros después se encuentra la estación -con su aspecto de abandono, despintada y con la humedad en las maderas-, que cuenta con una múltiple función: destacamento policial, enfermería, y biblioteca popular (todavía en construcción). Como en los retratos de años pasados, la misma sigue ocupando un lugar estratégico fundamental para el pueblo, aunque con otras funciones bien distintas a aquellas cuando las ruedas del tren y los bocinazos de la locomotora se oían al llegar.

 

El pequeño cuarto de encomiendas, por su parte, se transformó en el “Museo Ferroviario de Chas” -la única referencia que la Municipalidad de General Belgrano ofrece sobre el paraje-, donde se añora

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Museo Ferroviario de Chas.

el auge del ferrocarril argentino. Allí se pueden ver desde fotos de avisos de 1946, cuando se estatizó a los trenes en el gobierno de Juan Domingo Perón, con frases particulares de la época: “¡Ya son Argentinos!”, “Más de un millón de personas celebraron la recuperación de los ferrocarriles”, “PERÓN CUMPLE”; hasta los libros de análisis de ingresos diarios, boletos picados por abrochadora, viejos trabajadores ferroviarios o los prendedores distintivos de cada puesto de trabajo: capataz, camarero, guarda, entre otros.

 

Las vías, con gran cantidad de óxido y notoriamente sin uso, están rodeadas por los pastos y parece casi imposible la vuelta de un tren. Sin embargo, la esperanza también se enciende a través de las mismas cuando un hombre llega en zorra desde General Belgrano. Verónica Ortíz, enfermera, encargada de la sala de primeros auxilios, y nacida en Chas, fue quien cuenta que en la biblioteca popular, todos los miércoles a las 17:30, llega impulsado a mano, sobre esas cuatro ruedas, el taller de guitarra para los pobladores, dividiéndolos en niveles: “este hombre se acercó y primero trajo el FINES, después el taller de guitarra, y ahora conseguimos tener Wifi para que los chicos puedan usar las ‘cristinitas’”. Esas llamadas “cristinitas” son las netbooks del programa Conectar-Igualdad lanzada por Cristina Kirchner en abril de 2010.

Pero también, el cuarto de primeros auxilios, funciona como un eje social importante ya que allí se reciben donaciones de ropa, colchones, sábanas, para luego ser distribuidas a quien las necesite de las familias. Verónica, también es una de las impulsoras de la Biblioteca Popular, la cual se pondría en marcha a corto plazo y será un lugar fundamental para la lectura de los chicos.

Frente a la estación, cruzando por encima de las vías y el pasto, se encuentra la iglesia del pueblo, y al costado dos casas precarias. La capilla llamada “San Carlos Chas”, está deteriorada por la humedad tanto por dentro como por fuera. La pérdida de la pintura blanca no deja decir lo contrario. Por dentro solo se encuentran unos 14 bancos, una mesa pequeña, un atril, la cruz de fondo -sin la imagen de Jesús-, y los retratos de los santos del catolicismo.

A tan solo dos cuadras, caminando por calle de barro, se encuentra la despensa más importante del paraje y la plaza principal. Esta ultima lleva el nombre de Yolanda Marcovecchio, una mujer nacida en Chas que trabajó como docente en la escuela local, y que es recordada con gran aprecio por los lugareños. Sin embargo, el paisaje no dista mucho de lo que antecede a dos cuadras, en la estación, ya que los habitantes viven en casas de chapas o en los vagones abandonados que quedaron allí varados. El tendido eléctrico llegó hasta el lugar hace pocos años, a partir de la compra de terrenos aledaños por terratenientes que llevaron el sistema hasta las cercanías de Chas, y a partir de allí los vecinos se conectaron al servicio a través de un cable, pero no de manera formal.

Con la desaparición del tren, las condiciones económicas se complicaron y muchos de los habitantes de Chas viven de las changas en los campos o solamente de las asignaciones estatales, como es la Asignación Universal por Hijo. “Acá se vivía del tren. Era muy importante. Las mujeres ahora tienen que ir a trabajar a General Belgrano limpiando casas por hora, pero un remis les vale 140 pesos cuando el boleto de tren no valdría más de 6 o 7 pesos, eso también marca una diferencia. Muchos eligen comprarse una moto para hacer el viaje todos los días”, expresaba Verónica, dejando en claro la necesidad de la vuelta del ferrocarril.

Pero, aunque parezca contradictorio y raro en sitios donde el tren sonaba fuerte, para los belgranenses, la idea de verlo nuevamente funcionando no parece atractiva, o así por lo menos lo dejaba en claro María Luján: “en la ciudad muchos piensan que la vuelta del tren sería un problema, porque como es barato traería todos los chorros, y no quieren eso porque acá debe ser de los lugares más seguros de la provincia. Pero los chorros no vienen solo en tren, vienen en camionetas o en autos”, afirmaba la maestra.

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Los recuerdos vivos en las vías ya son pocos, las señales oxidadas, el inexistente empalme de trenes llegados desde Ayacucho con las vías que llegaban desde Las Flores, las palancas de desvío de los trenes, el galpón para herramientas, ya están siendo cada vez más superado por el crecimiento del pasto, que deja en el olvido físico pero no mental de Chas: “la última vez que vi pasar a un tren fue hace 15 años. Lo recuerdo porque yo estaba embarazada”, dijo una mujer, dejando en claro que en Chas, el tren, en algún lado, sigue vivo.

Crónicas

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Periodista Deportivo. Profesorado en Comunicación Social (FPyCS. UNLP). Peronista

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